[Crecer en la fe]

Lectura Bíblica: Carta a los Efesios 4, 14 – 16:

para que ya no seamos niños que van de un lado a otro y están zarandeados por cualquier corriente doctrinal, por el engaño de los hombres, por la astucia que lleva al error. Por el contrario, viviendo la verdad con caridad, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo —compacto y unido por todas las articulaciones que lo sostienen según la energía correspondiente a la función de cada miembro— va consiguiendo su crecimiento para su edificación en la caridad.

Reflexión:

Además de dejarnos personas para ayudarnos, también nos dejó sus enseñanzas y doctrinas por medio de la Iglesia, los sacramentos y su Palabra. Basta ya de estar creyendo en todo lo que leemos en Facebook, en las redes, lo que nos dicen los famosos o incluso el horóscopo. Dios es la verdad. Él no miente. Él no engaña. Él no te dice las cosas bonitas que quieres escuchar para tenerte contenta. Él te dice la verdad, te guste o no, con amor y misericordia, porque Él quiere que sanes, quiere verte crecer en la fe y salir a servir con caridad.

Leer la Palabra de Dios te ayudará a conocerlo. Verás quién es Él y cómo es Él. Aprenderás a reconocer su voz y te enamorarás de Él. Otros recursos que Dios te ha dejado para crecer en la fe son la Santa Misa y los Sacramentos. En la Santa Misa, pides perdón por tus faltas y pecados, escuchas la Palabra de Dios, oras en comunidad, das y recibes la paz de Cristo y culminas toda esa bendición recibiendo el Cuerpo de Cristo. O sea, le abres tu corazón a Cristo y le invitas a morar en ti y Él te abre el suyo para que tú habites en Él. Sí, es cierto que quizás los músicos estén desentonados o incluso que no haya música. También puede ser que el sacerdote esté amargado y le falte caridad en su predica. Pero lo que siempre es cierto, es que Dios está en ese lugar, en ese tabernáculo, en esa Eucaristía esperando por ti.

El Sacramento de Reconciliación es otro sacramento donde podemos crecer en la fe porque nos ayuda a ver el verdadero Dios que perdona nuestras culpas. El Dios de la misericordia que desea librarte de esa carga. Él no te mira a ti y ve tus culpas y pecados. Él ve a ese ser que Él creó con tanto amor, quien tiene rupturas y heridas causadas por el pecado, pero quien viene como una niña a su padre con la confianza de que Él todo lo hace nuevo.

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Para Pensar:

Observa la imagen de la niña corriendo hacia el padre. Así te espera el Padre; con brazos abiertos, agachado a tu altura, sonriendo y con un deseo enorme de abrazarte. ¿Darás ese primer paso hacia Él?

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